Pensar con el corazón: Mi viaje al fuego de la XIII Primavera Poética en Lima
Lima se viste de versos. Del 9 al 12 de septiembre de 2026, la capital peruana se convierte en el epicentro de la poesía iberoamericana al acoger la décimo tercera edición del Festival Internacional Primavera Poética

Las luces de los escenarios principales – el histórico Teatro Principal Manuel A. Segura en el Cercado de Lima y las aulas de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos — se encienden para albergar un puente de palabras tendido sobre el abismo de las distancias geográficas y políticas.
Para mí, esta travesía comenzó con una invitación generosa de Harold Alva Viale, director y motor incansable de esta hermosa locura colectiva. Al recibir su propuesta, mi mente entró en un laberinto de idas y venidas. La rutina diaria y las obligaciones del trabajo, que tantas veces actúan como el consonante implacable de nuestras decisiones, amenazaban con dejarme en tierra.
El deber cotidiano suele ser el ancla que nos frena ante la posibilidad del viaje. Sin embargo, hay momentos en los que se debe silenciar la lógica fría de la oficina y escuchar otra voz. En el último instante, se piensa con el corazón. Sabía en mi interior que no podía dejar pasar esta linda oportunidad de reencontrarme con grandes seres humanos, poetas entrañables y amigos de la vida. Y por eso, venciendo los titubeos, empaqué mis dudas y tomé la decisión. Y aquí estoy.
Estar en Lima este año tiene un significado profundamente histórico y emotivo. Por primera vez, Bolivia participa como el país invitado de honor en un festival internacional de poesía. Este reconocimiento es el fruto de una siembra constante realizada durante las últimas dos décadas en nuestra literatura nacional. Cruzar la frontera junto a una delegación boliviana excepcional —mis queridos compañeros de letras, Gary Daher, Paura Rodríguez Leyton, Alex Aillón Valverde, Valeria Sandi, Aldair Apodaca, Cande Roca y Gabriel Chávez Casazola que será reconocido con la prestigiosa Medalla Vicente Huidobro, otorgado por la Fundación Iberoamericana para las Artes por su trayectoria literaria— representa un verdadero honor.
Juntos traemos la pluralidad de nuestras voces a un suelo peruano tan estrechamente ligado a la historia y cultura de nuestra patria.
Compartir los espacios de lectura en el Teatro Segura o en los auditorios de San Marcos junto a figuras monumentales de la lírica contemporánea como el chileno Raúl Zurita, y voces tan diversas como Yolanda Castaño, Rafael Saravia o Víctor Rivera, nos recuerda por qué insistimos en este oficio. Como bien escribe Harold Alva, gestionar la belleza en nuestros países es un acto de fe y resistencia frente a la indiferencia.
Pero un festival no es solo el brillo del escenario o el aplauso del público; detrás hay un engranaje de tensiones y silencios. Es el desgaste del gestor que pule los detalles para que otros brillen, es bajo esa misma luz que hoy comparto este poema, nacido precisamente de ese doble habitar:
Gestionar es pulir
la lámpara ajena,
escribir es arder
en la propia sombra;
dos oficios para un cuerpo
que se descompone
para que el mundo sea menos mudo.
Al final,
cuando el evento ha pasado y el verso ha cesado,
solo queda el hombre:
esa arquitectura de carne y dudas
que sabe,
para dar luz a la calle,
hay que haber negociado
con el silencio propio primero.



Por: Juan Pablo Sejas
Imágenes: Festival Primavera poética
Edición: Redacción Periodista Virtual




