Sociedad / Política

La invisible ecuación de ser madre y estudiante en Santa Cruz: ¿un desafío individual o una deuda institucional?

Cuidar a un hijo, sostener un empleo y, al mismo tiempo, intentar no abandonar las aulas universitarias. Esta es la extenuante ecuación diaria que intentan resolver, casi siempre a solas y sin una red institucional que las sostenga, cientos de jóvenes y mujeres en Santa Cruz de la Sierra. Como docente de la Universidad Privada Domingo Savio (UPDS), fui testigo durante años de un patrón desgarrador: estudiantes madres que postergan sus materias, interrumpen su formación académica o enfrentan niveles extremos de estrés sin contar con ningún protocolo de atención diferenciada.

Esta alarmante realidad me impulsó a desarrollar una investigación cualitativa profunda sobre los historiales académicos de las gestiones 2021 a 2025. A través de grupos focales y entrevistas en profundidad con estudiantes madres, logré estructurar un diagnóstico claro sobre una problemática de la que se habla poco en el debate educativo local: la permanencia de estas mujeres en la educación superior no depende de su voluntad individual, sino de un pilar sumamente frágil e inestable: el apoyo que les brindan sus familias.

La paradoja de las aulas: terapia, impulso y doble presencia

El día a día de estas estudiantes está marcado por lo que en la investigación denominamos la «doble presencia». Es la exigencia constante de rendir académicamente mientras cargan con una responsabilidad de crianza que la sociedad les impone como «insustituible». El cansancio que describen es único, una fatiga física y mental acumulada que solo logran sobrellevar mediante agendas y cronogramas de hierro extremadamente rigurosos.

Sin embargo, las aulas adquieren matices muy distintos según el horario de clases:

  • En el turno de la mañana, la maternidad se vive predominantemente como un «impulso» de superación para alcanzar una mejor calidad de vida.
  • En el turno de la noche, la universidad adquiere una dimensión casi terapéutica. Para muchas de estas madres, el aula representa un «salvavidas» frente a la soledad del aislamiento doméstico y la depresión. No obstante, este grupo enfrenta una vulnerabilidad económica aún mayor, llegando al extremo de tener que pagar a sus propios familiares para que cuiden de sus hijos mientras ellas trabajan y asisten a clase.

El mito del esfuerzo individual

Existe una narrativa meritocrática que asume que el éxito profesional depende únicamente del esfuerzo. Mi investigación refuta categóricamente esta premisa. Seis de cada diez estudiantes madres dependen de forma total o parcial de sus parejas o padres para poder costear sus estudios. Sus finanzas son sumamente limitadas e inestables.

La respuesta de las universidades privadas, lamentablemente, sigue anclada en una lógica que ignora estas realidades. En las universidades de nuestro medio no hay infraestructura de cuidado infantil ni protocolos específicos de apoyo. Y lo que es peor: de las diez estudiantes entrevistadas a fondo, solo tres contaban con algún descuento o beca. Sin embargo, la mayoría de las becas vigentes exigen horas de contraprestación laboral dentro de la institución, un requisito absurdo e incompatible para una madre que ya se divide entre su hogar, su empleo y sus clases.

Esta absoluta dependencia del entorno familiar es una bomba de tiempo. Si la red de apoyo se quiebra —debido a un despido, una crisis de pareja o un familiar enfermo que ya no puede cuidar al niño—, la trayectoria académica de la estudiante madre se interrumpe de inmediato. El abandono no es una decisión personal; es una consecuencia de la desprotección estructural.

Hacia reformas necesarias en las universidades

A pesar de este complejo panorama, las expectativas de estas mujeres siguen intactas: sueñan con abrir negocios, especializarse y mejorar los ingresos de sus hogares. Esta proyección de futuro es el motor que las mantiene de pie frente al riesgo del abandono.

La Ley de Educación boliviana (Ley N.º 070) garantiza el derecho a la educación sin discriminación, pero no obliga a las instituciones privadas a implementar políticas específicas para este sector, dejando el tema a discreción de la buena voluntad de cada centro. Es urgente que pasemos de la empatía a la acción institucional mediante cambios concretos:

  1. Becas de maternidad reales: Creación de becas y descuentos específicos para madres lactantes y de primera infancia, eliminando por completo la exigencia de realizar horas de trabajo institucional a cambio.
  2. Infraestructura de cuidado: Establecer alianzas estratégicas para ofrecer servicios o espacios de cuidado infantil dentro de los campus universitarios.
  3. Flexibilidad y capacitación docente: Flexibilizar los protocolos académicos y capacitar a la planta docente en enfoque de género para eliminar la incomprensión y las barreras invisibles.

La educación superior no puede seguir operando de espaldas a la realidad de las madres estudiantes. Facilitar su permanencia no es un favor ni un acto de caridad; es un acto elemental de justicia social que transformará no solo la vida de estas mujeres, sino también la de sus familias y el futuro de nuestra región.

Por: Lobsang Barrios Arenas
Investigador y docente universitario

Edición: Redacción Periodista Virtual

Redacción Periodista Virtual

Redacción Periodista Virtual es el equipo periodístico del medio digital boliviano Periodista Virtual. Produce contenidos sobre cultura, sociedad, medio ambiente, innovación, educación y desarrollo, con énfasis en historias, iniciativas y actores de los territorios.

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