Sociedad / Política

BOLIVIA: el desgaste del poder ejecutivo y la fragmentación de la confianza ciudadana

Los resultados del más reciente Monitor de Opinión Pública de Ipsos CIESMORI dibujan un escenario que trasciende la simple medición de popularidad de las autoridades nacionales. Más que una fotografía de aprobación o desaprobación, el estudio evidencia una transformación profunda en el estado de ánimo colectivo de la ciudadanía urbana conectada del país, donde la percepción sobre el rumbo de Bolivia se ha deteriorado de manera acelerada durante los últimos meses.

El reciente Monitor de Opinión Pública (MOP) de Ipsos CIESMORI, correspondiente a julio de 2026, ofrece una radiografía política que debería encender todas las alarmas en la Casa Grande del Pueblo. Con una metodología que ya captura el pulso de la ciudadanía conectada en el Eje Troncal (La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz), el estudio revela un fenómeno que trasciende las cifras: una crisis de legitimidad que se ha instalado en el núcleo mismo del Poder Ejecutivo. No estamos ante un simple traspié en las encuestas; nos enfrentamos a la consolidación de un estado de opinión donde la desafección se ha vuelto estructural y las bases de apoyo gubernamental se han fracturado de manera profunda.

El ocaso de la luna de miel

El dato más elocuente no es la caída de la aprobación presidencial, sino su velocidad. En apenas ocho meses, el presidente Rodrigo Paz ha visto erosionado su capital político de manera vertiginosa. La aprobación que alcanzó un pico de 65% en noviembre de 2025, se ha desplomado a un crítico 32% en julio de 2026. La regla de oro de la sociología política es que una administración que cruza el umbral del 30% de aprobación entra en zona de alto riesgo. El Presidente no solo ha cruzado esa línea, sino que se encuentra en un terreno pantanoso donde la desaprobación (55%) domina el paisaje. Lo que resulta particularmente alarmante es la diversidad geográfica de esta desaprobación. Mientras El Alto se consolida como un bastión de la crítica (76% de desaprobación), la pérdida de Santa Cruz, tradicionalmente un termómetro del empresariado y la clase media, es un revés estratégico de magnitudes considerables. La única «isla» de resistencia es La Paz, donde la aprobación (45%) apenas supera a la desaprobación (40%), una ventaja frágil que podría revertirse en el próximo levantamiento.

La estructura de la crisis: Una mirada crítica a los motivos

Lo que distingue a este momento político de otros períodos de tensión es la naturaleza de las críticas. No se trata únicamente de una coyuntura económica adversa o de problemas logísticos como el abastecimiento de combustibles. Según el informe, la ciudadanía está emitiendo un juicio sobre la capacidad de gestión y la calidad democrática del gobierno. Quienes desaprueban la gestión de Paz señalan la «falta de firmeza para tomar decisiones» (12%) y la «corrupción en el gobierno» (12%). Estas son críticas que atacan el corazón del liderazgo ejecutivo.

Es aquí donde el análisis sociológico se vuelve más fino: la población está pasando de evaluar políticas públicas a juzgar la integridad y competencia del equipo gobernante. El discurso del «cambio de orientación política» (14%) que motiva a quienes aún aprueban al Presidente, parece haber perdido eficacia frente al peso de la percepción de ingobernabilidad y la falta de resolución de problemas estructurales. La ciudadanía, hastiada de las «interminables filas por combustible» o la «lentitud en la implementación de medidas», demanda acción y resultados, no retórica transformadora.

La crisis de la Vicepresidencia y el Gabinete: Un sistema en tensión

El caso del vicepresidente Edmand Lara es, quizás, el síntoma más agudo de este malestar. Con un 75% de desaprobación, Lara se ha convertido en un lastre para la administración. La homogeneidad de su rechazo (superando el 70% en casi todas las ciudades y generaciones) indica que su figura no genera puentes, sino que se ha transformado en un catalizador del descontento. En términos políticos, un binomio presidencial con una brecha tan abismal entre la evaluación de sus dos integrantes es una anomalía que debilita la cohesión del Ejecutivo.

El gabinete ministerial no escapa a esta dinámica. El Ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, y el de la Presidencia, José Luis Lupo, arrastran cifras de opinión desfavorable que superan el 49%. Estos números reflejan la percepción de que el gobierno no solo tiene problemas de comunicación, sino de ejecución. La alta tasa de desconocimiento hacia el Canciller Fernando Aramayo (37%) revela, además, una falta de narrativa internacional o un bajo perfil mediático, lo que en el actual contexto geopolítico no es necesariamente una virtud.

Una Dirección Errada: La percepción del rumbo nacional

El 74% de los encuestados que considera que el país va en «dirección incorrecta» es el titular que define el espíritu de la época. Esta percepción, que supera a la desaprobación presidencial pura, sugiere que el problema no es solo una figura, sino la trayectoria del proyecto de nación. El Alto es el epicentro de este desencanto (95%), pero el dato de Santa Cruz (69%) subraya que el descontento ya no es un fenómeno regional, sino un estado de ánimo transversal que atraviesa el Eje Troncal.

Conclusión: ¿Fin del Ciclo o reinvención?

Desde una perspectiva sociológica, los datos del MOP no son un simple «insumo» para el juego político; son el reflejo de un cambio de paradigma en la relación entre el Estado y la sociedad civil. La ciudadanía, empoderada por el acceso a la información y las redes sociales, ha adoptado un rol más crítico y exigente.

El gobierno de Rodrigo Paz se encuentra en una encrucijada histórica. El discurso de la «transformación» ha chocado contra la realidad de la gestión. Si bien la eliminación de la subvención a los combustibles fue mencionada como un motivo de aprobación por un sector minoritario, el costo político de esa medida (reflejado en las críticas por su impacto económico) ha sido enorme. La pregunta que queda flotando en el ambiente es si este gobierno tiene la capacidad de «recalibrar» su rumbo y recuperar la confianza, o si nos encontramos ante el principio del fin de su ciclo político.

La política, como la física, tiene sus leyes de gravedad, y en Bolivia, la gravedad de la opinión pública parece estar inclinando la balanza hacia un escenario de alta tensión y probable reconfiguración del mapa de poder. Los próximos meses serán clave para observar si el oficialismo logra revertir esta tendencia o si el desgaste, como suele ocurrir en la historia reciente de nuestro país, devora a sus protagonistas.

Redacción

Redacción Periodista Virtual es el equipo periodístico del medio digital boliviano Periodista Virtual. Produce contenidos sobre cultura, sociedad, medio ambiente, innovación, educación y desarrollo, con énfasis en historias, iniciativas y actores de los territorios.

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