Escuela Fénix abre oportunidades a niños del Plan 3000 a través del fútbol
Desde 2017, la iniciativa dirigida por el entrenador Wilson Mamani forma a niños y adolescentes de diferentes categorías en el barrio San Isidro/Villa Bolivia. El proyecto busca democratizar el acceso al deporte y demostrar que el talento también se encuentra en las zonas periféricas de Santa Cruz de la Sierra.

En una cancha ubicada dentro de un parque urbano del Plan 3000, una de las zonas más pobladas de Santa Cruz de la Sierra, el profesor Wilson Mamani trabaja para que niños y adolescentes puedan formarse en el fútbol sin que la falta de recursos económicos se convierta en una barrera.
Mamani dirige la escuela de fútbol Fénix, creada para ofrecer oportunidades deportivas a niños y adolescentes de escasos recursos. El proyecto surge de su propia experiencia, pues durante su juventud también enfrentó dificultades para avanzar dentro del fútbol federado.
Su trayectoria como entrenador comenzó en Camiri y continuó en diferentes escuelas de fútbol de Santa Cruz. Sin embargo, decidió alejarse de los modelos deportivos concentrados en zonas céntricas de la ciudad para construir una propuesta dirigida a los niños de barrios periurbanos.
“Quiero que otros niños lleguen más lejos y que no les mientan. El ave fénix muere, renace y vuelve con más fuerza”, afirma Mamani al explicar el significado del nombre de la escuela.
Una escuela que crece desde el barrio
Desde su creación, en 2017, Fénix ha ampliado progresivamente su trabajo. Actualmente cuenta con cuatro categorías, desde la Sub-7 hasta la Sub-15, y con un equipo de cuatro profesores.
Además de enseñar fundamentos técnicos y tácticos, los entrenadores promueven valores como la disciplina, la responsabilidad, el compañerismo y el respeto.
Para Mamani, la formación deportiva no puede limitarse a ganar partidos. Considera que el fútbol debe convertirse en una herramienta para acompañar a los niños, fortalecer su autoestima y alejarlos de situaciones de violencia, consumo de drogas o pandillas.
“El fútbol es apasionante y cada niño tiene un sueño. Yo lo hago por ellos, para que no estén en malos pasos”, señala.
No obstante, sostener el proyecto representa un desafío permanente. En muchos casos, los profesores trabajan más por compromiso con los niños que por la posibilidad de recibir una remuneración estable.
Las dificultades económicas también entran a la cancha
La realidad de las familias condiciona la continuidad de muchos jugadores. Mientras algunas escuelas de fútbol de Santa Cruz cobran mensualidades superiores a los 350 bolivianos, Fénix estableció una cuota de 100 bolivianos. Pese a ello, algunos padres no pueden cubrir ese monto de manera regular.
De acuerdo con Mamani, varios niños provienen de hogares con ingresos inestables o de familias en las que los padres trabajan diariamente para cubrir las necesidades básicas. En esas condiciones, pagar transporte, arbitraje, uniformes o inscripciones para campeonatos puede resultar complicado.
La falta de patrocinadores constituye otra limitación. El entrenador asegura que pocas empresas están dispuestas a respaldar iniciativas deportivas establecidas en el Plan 3000. Los aportes que reciben suelen ser pequeños y no cubren las necesidades de equipamiento, infraestructura y participación en torneos.
La autogestión se ha convertido, por tanto, en una práctica habitual. Profesores y padres de familia deben organizarse para limpiar las canchas, cortar el césped, rellenar huecos y mantener los espacios en condiciones adecuadas.
Cuestionamientos al funcionamiento del fútbol cruceño
Durante la entrevista, Mamani también expresó críticas hacia el funcionamiento de la Asociación Cruceña de Fútbol (ACF) y de algunas escuelas deportivas reconocidas de la ciudad.
Según su testimonio, el actual sistema competitivo prioriza con frecuencia la capacidad económica de las familias antes que el talento de los jugadores. Cuestiona, además, que varios partidos sean programados en canchas privadas alejadas del Plan 3000, lo que obliga a los padres a asumir gastos de transporte, entradas y arbitraje.
También sostiene que algunos jugadores de barrios populares son convocados para fortalecer equipos en determinadas competencias, pero no siempre reciben oportunidades reales para continuar su formación o proyectarse hacia el fútbol profesional.
Mamani considera que las divisiones menores necesitan una planificación más inclusiva, dirigentes con nuevas propuestas y mecanismos que permitan descubrir talentos en todos los sectores de la ciudad.
Estas observaciones corresponden a la experiencia y valoración del entrenador. Una evaluación integral de la situación, también requeriría conocer la posición de la Asociación Cruceña de Fútbol y de las instituciones señaladas.
Una liga para valorar el talento del Plan 3000
Frente a estas dificultades, Mamani impulsa la creación de la Liga Ciudadela Andrés Ibáñez, conocida como LICAI. La propuesta busca organizar competiciones locales con mejores condiciones deportivas, arbitraje capacitado y atención fisioterapéutica.
El objetivo es que las escuelas y los jugadores del Plan 3000 puedan participar en campeonatos organizados dentro de su propio territorio, sin depender exclusivamente de escenarios deportivos ubicados en otras zonas.
La iniciativa también pretende fortalecer la identidad barrial y demostrar que en la Ciudadela Andrés Ibáñez existe talento con capacidad para competir en diferentes niveles.
“Queremos que nuestros niños sean valorados y que no tengan que ir a mendigar espacios al centro de la ciudad”, manifiesta el entrenador.
El deporte como política de prevención
Mamani plantea que el Gobierno Autónomo Municipal de Santa Cruz de la Sierra debería fortalecer las escuelas barriales mediante programas permanentes de fortalecimiento a las escuelas y la asignación de entrenadores especializados.
A su criterio, contar con profesionales respaldados institucionalmente permitiría garantizar procesos deportivos de largo plazo, mejorar las condiciones de trabajo y ampliar el número de niños beneficiados.
La propuesta parte de una convicción: apoyar el deporte de base no es solamente formar futbolistas, sino invertir en prevención social, convivencia comunitaria y desarrollo humano.
Aunque reconoce que en varios momentos pensó en abandonar el proyecto por las dificultades económicas y la falta de reconocimiento, Wilson Mamani continúa trabajando junto con los profesores y padres de familia.
Su sueño es consolidar una estructura deportiva que permita que los niños del Plan 3000 compitan en condiciones dignas y sean evaluados por sus capacidades, no por los recursos económicos de sus familias.
Desde las canchas de San Isidro/Villa Bolivia la escuela Fénix busca hacer honor a su nombre: levantarse frente a las adversidades y ofrecer a una nueva generación la oportunidad de renacer a través del fútbol.
Si te interesa la historia y quieres apoyar a la escuela FENIX, puedes contactar al profesor Wilson: 63519208









