Innovación

Bolivia busca dar el salto: del autoempleo a un ecosistema de emprendimientos con impacto

Con 395.790 unidades económicas activas y 155 startups, el país muestra un creciente dinamismo emprendedor. Sin embargo, el acceso a financiamiento, la formalización y las dificultades para escalar continúan frenando su desarrollo. Desde Cochabamba, representantes de los nueve departamentos plantearon una agenda común para transformar esta realidad.

Bolivia tiene cada vez más emprendedores, pero el gran desafío ya no es solamente crear nuevos negocios. El reto es conseguir que sobrevivan, crezcan, innoven, generen empleo y puedan competir dentro y fuera del país.

Esa fue una de las principales conclusiones del 5.º Encuentro Nacional del Ecosistema de Empleabilidad y Emprendimiento, realizado el 13 y 14 de agosto en Cochabamba, donde representantes de los nueve departamentos analizaron las debilidades estructurales del sector y suscribieron un manifiesto dirigido a los distintos niveles del Estado.

El planteamiento central marca un cambio de visión: pasar del emprendimiento entendido principalmente como respuesta al desempleo y al autoempleo de subsistencia hacia un “ecosistema de soluciones”, capaz de generar impacto económico, social y ambiental.

Bolivia registra actualmente alrededor de 395.790 unidades económicas activas, un incremento del 11,4% respecto de 2022. La Paz concentra el 30,9%, Santa Cruz el 29,9% y Cochabamba el 16,6%.

Pero detrás de estas cifras existe una señal de fragilidad: el 77,6% de las empresas registradas son unipersonales. Es decir, buena parte del tejido empresarial continúa dependiendo fundamentalmente del esfuerzo de una sola persona.

Startups y transformación digital

En el terreno de la innovación tecnológica, Bolivia cuenta con aproximadamente 155 startups activas. Las fintech representan el 32%, las edtech el 16% y las plataformas de comercio electrónico y marketplaces alrededor del 10%.

La transformación digital también comienza a ingresar con fuerza en las pequeñas y medianas empresas. Datos presentados durante el encuentro indican que el 84% de las PYMES realizó inversiones recientes en tecnología y el 90% utiliza información y análisis de datos para tomar decisiones estratégicas.

Cochabamba aparece en este escenario con condiciones particulares. Además de concentrar el 18,5% de la industria manufacturera nacional, su alta presencia universitaria y científica abre la posibilidad de consolidarla como un nodo de investigación aplicada, innovación y desarrollo empresarial.

La apuesta es que el departamento pueda convertirse progresivamente en un ecosistema de soluciones, conectando conocimiento, empresas, universidades, emprendedores y mercados.

Muchas ideas, pocas empresas que logran escalar

Uno de los principales problemas identificados es lo que especialistas del sector denominan el “embudo invertido”.

Un diagnóstico realizado entre 36 instituciones de apoyo al emprendimiento en La Paz encontró que aproximadamente la mitad de los esfuerzos se concentra en las etapas de idea y prototipo, mientras que apenas un 8% llega a acompañar los procesos de formalización.

Solo nueve instituciones identificadas brindan apoyo efectivo en etapas de escalamiento.

El resultado es una paradoja: existen numerosos concursos, capacitaciones, incubadoras y espacios para generar nuevas ideas, pero disminuye considerablemente el acompañamiento cuando un emprendimiento necesita vender más, contratar personal, acceder a capital, mejorar su producción o ingresar a nuevos mercados.

El ecosistema boliviano sabe sembrar emprendimientos, pero todavía enfrenta dificultades para ayudarlos a crecer.

A ello se suma otro problema: la falta de información.

Según el diagnóstico presentado, el 50% de las instituciones de apoyo no cuenta con indicadores formales que permitan medir resultados e impacto a largo plazo.

Sin datos suficientes resulta difícil responder preguntas elementales: ¿cuántos emprendimientos sobreviven después de dos o tres años?, ¿cuántos generan empleo?, ¿cuántos aumentan sus ventas?, ¿qué programas realmente funcionan?

El otro precipicio: quién financia a quienes apoyan al emprendedor

La fragilidad económica no afecta solamente a los emprendimientos.

Un 67% de las instituciones analizadas no tendría financiamiento garantizado en el largo plazo, y varios programas enfrentan vencimientos durante 2026.

Esta situación genera proyectos con horizontes de apenas 12 o 18 meses, obligando muchas veces a priorizar talleres y actividades de resultados inmediatos en lugar de procesos prolongados de mentoría, aceleración y acompañamiento empresarial.

La consecuencia es evidente: las organizaciones que deberían ayudar a construir emprendimientos sostenibles también enfrentan problemas para garantizar su propia sostenibilidad.

Un manifiesto desde las nueve regiones

Las conclusiones del encuentro desembocaron en la firma del Manifiesto del Ecosistema Nacional de Empleabilidad y Emprendimiento de Bolivia, suscrito por representantes de los nueve departamentos.

El documento demanda que el emprendimiento, la innovación y la empleabilidad sean considerados una política estratégica de Estado.

Entre sus principales propuestas se encuentran la construcción de una Política Nacional de Empleabilidad, Emprendimiento e Innovación, la simplificación y digitalización de trámites empresariales y la creación de un Fondo Nacional de Innovación, con participación pública y privada, que permita financiar investigación aplicada, prototipos, validación y escalamiento.

También plantea crear un Sistema Nacional de Registro de Emprendedores, capaz de generar información real sobre quiénes emprenden, dónde están, en qué sectores trabajan y cuáles son sus principales necesidades.

Otra propuesta es establecer la figura de un Defensor del Emprendedor, concebido como una instancia técnica de orientación, mediación y acompañamiento frente a dificultades administrativas y legales.

Menos centralización, más construcción conjunta

El modelo de gobernanza también fue parte del debate.

Las organizaciones consultadas expresaron una marcada preferencia por esquemas de co-creación público-privada, en los que Estado, empresas, universidades, organizaciones sociales y emprendedores participen conjuntamente en el diseño y ejecución de las políticas.

La demanda no apunta necesariamente a un Estado ausente, sino a uno que facilite, financie, articule y establezca condiciones, evitando concentrar todas las decisiones y la administración de los programas.

Este enfoque parte de una constatación: ningún actor puede construir por sí solo un ecosistema nacional de innovación.

Dos leyes bajo la mirada de los emprendedores

El debate también se trasladó al ámbito legislativo.

Uno de los proyectos observados es el Proyecto de Ley 131/2026, Ley Marco de Emprendimientos Emergentes, que recibió observaciones de grupos de emprendedores respecto a aspectos tributarios, laborales, administrativos y de contratación pública.

Entre las propuestas surgidas desde el sector aparece la creación de un monotributo especial, simplificado y progresivo, además de una categoría diferenciada para emprendimientos artesanales que permita adecuar determinadas exigencias mientras los negocios todavía se encuentran en etapa de incubación.

Paralelamente avanza el debate sobre un Anteproyecto de Ley Marco de Economía Social Solidaria, promovido por organizaciones y redes de la sociedad civil.

Esta iniciativa busca fortalecer emprendimientos asociativos, comunitarios y cooperativos bajo criterios de reciprocidad, sostenibilidad ambiental, inclusión y equidad de género.

Entre sus planteamientos figuran mecanismos preferenciales dentro de las compras públicas, incentivos tributarios y líneas de financiamiento con garantías alternativas, especialmente para mujeres y jóvenes.

El desafío: que emprender deje de significar sobrevivir

Bolivia no parece tener un problema de falta de iniciativa.

Miles de personas emprenden todos los años, crean productos, experimentan con tecnologías y construyen negocios en medio de dificultades económicas, burocráticas y financieras.

El problema comienza después.

¿Cómo hacer que esas ideas sobrevivan? ¿Cómo convertir un emprendimiento unipersonal en una empresa que genere empleo? ¿Cómo financiar innovación que necesita años antes de producir ganancias? ¿Cómo conectar universidades, ciencia, empresas y mercados?

Las respuestas planteadas en Cochabamba apuntan hacia un cambio de paradigma.

El objetivo ya no debería ser simplemente aumentar el número de emprendimientos, sino conseguir que los existentes tengan condiciones para evolucionar hacia empresas sostenibles, innovadoras y competitivas.

Pasar, en definitiva, del autoempleo de subsistencia a un ecosistema de soluciones y de la cantidad de emprendimientos a su verdadero impacto económico, social y ambiental.

El manifiesto ya puso las propuestas sobre la mesa. El siguiente paso dependerá de cuánto de esta agenda logre convertirse en política pública, financiamiento, legislación y acciones concretas.

Una articulación nacional que busca superar la dispersión

El Manifiesto de Cochabamba quedó respaldado por los nodos regionales y redes locales que participaron del encuentro, consolidando una articulación que busca llevar las demandas del ecosistema emprendedor desde las regiones hacia una agenda nacional.

La declaración fue acompañada por representantes del Ecosistema Emplea Emprende Cochabamba, Ecosistema Emprendedor La Paz, HUB Santa Cruz, Red de Apoyo Oruro, Eco-Sies Tarija, Sistema Emprendedor Sucre e Impulsa Ecosistema Emprendedor de Potosí, además de las delegaciones de Beni y Pando.

Por: Juan Pablo Sejas

Edición: Redacción Periodista Virtual

Redacción Periodista Virtual

Redacción Periodista Virtual es el equipo periodístico del medio digital boliviano Periodista Virtual. Produce contenidos sobre cultura, sociedad, medio ambiente, innovación, educación y desarrollo, con énfasis en historias, iniciativas y actores de los territorios.

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