Un recorrido con libros y poesía
Del Plan 3000 a Cotoca: dos territorios distintos que enfrentan las mismas carencias, donde la palabra se convierte en esperanza para niñas y niños.

Recibí la invitación de una profesora que transita desde hace mucho los caminos de la poesía: Rosa Alba Acero. Me convocaba a la unidad educativa donde trabaja, pues habían preparado una actividad especial por el Día del Libro. Pensé que era una hermosa oportunidad para donar libros y compartir con la población más importante que tiene el planeta: las niñas y niños.
Con mi hijo emprendimos el viaje desde el Centro San Isidro, en el Plan 3000, hasta la Unidad Educativa Nacional Patujú, ubicada en el municipio de Cotoca. Para llegar allí tuve que dejar Santa Cruz de la Sierra y dirigirme hacia la comunidad Patujú. Lo hice con todas las ganas del mundo. Al arribar, la profesora me recibió con afecto y me presentó a sus colegas. Conocí también a la directora, la profesora Marcela Soza, quien me dio una cálida bienvenida.
Dos territorios, una misma realidad
El Plan 3000, ciudadela populosa nacida tras el desastre del río Piraí en 1983, y el municipio de Cotoca, reconocido por su tradición religiosa y cultural, parecen mundos distintos. Sin embargo, ambos comparten las mismas problemáticas: calles deterioradas, espacios precarios, servicios insuficientes y una lucha constante por mejores condiciones de vida. La diferencia está en la identidad que cada comunidad ha construido: el Plan 3000 como símbolo de resiliencia urbana y Cotoca como santuario de fe y tradición.
En medio de esas carencias, lo que realmente sostiene a la sociedad es el ímpetu de los profesores y la comunidad educativa, que se sobrepone a la política y crea iniciativas valiosas como este espacio pensado para acercar los libros a los estudiantes.
Encuentro con la palabra
La experiencia fue enriquecedora. Conversé con alumnos de tercero y sexto de secundaria, recorrí la feria escuchando a los alumnos, conocí jóvenes apasionados por la poesía y escuché algunos de sus poemas. Hubo un momento especial cuando dos estudiantes leyeron versos míos: un gesto sencillo pero profundo que me recordó que la humanidad se construye con detalles.
Dejé un lote de libros en el colegio y, junto a ellos, el compromiso de volver. Porque cada encuentro con la palabra es también un encuentro con la esperanza, y porque tanto en Cotoca como en el Plan 3000, la literatura puede ser un puente que une realidades que, aunque distintas en apariencia, comparten los mismos desafíos.










Por: Juan Pablo Sejas. Director del Centro San Isidro
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