Formas del silencio: una poeta boliviana en el mundo
Conozco a Valeria desde hace casi veinte años, si la memoria no me falla. En aquel entonces, ella ya caminaba con paso firme entre la poesía y el teatro. Recuerdo sus primeros gestos como actriz, antes de que la palabra escrita se volviera su principal escenario. Junto a otros jóvenes entusiastas, impulsaba una iniciativa llamada “Poetas Bolivianos”, que buscaba visibilizar la poesía emergente del país. Era un tiempo de búsquedas, de voces que querían decir y ser escuchadas.

El tiempo, que sabe entrelazar las manos cuando es preciso, nos volvió a reunir. Conversamos largo, como se conversa con quienes comparten el fuego de la cultura. Me habló de un proyecto que ya tenía marcado en su mapa interior: un festival de poesía joven, un espacio para que la palabra se hiciera cuerpo en las comunidades. Yo como representante del Centro San Isidro, quedé encantado. Cuando alguien me habla de cultura, me convierto en una máquina sin pausa, que actúa por instinto para que la palabra tome forma y se multiplique.
En esta ocasión, decidí hacerle una breve entrevista. Valeria no es solo una amiga, es también una bandera que representa a Bolivia en diversos escenarios poéticos del mundo. Me habló de sus inicios, de cómo el poema “Ronda de Paz” de Óscar Alfaro le abrió las puertas de la escritura. Me habló también de su atención constante a las voces actuales de distintos países, de cómo otros gestores desde sus territorios impulsan proyectos de lectura y escritura para niños y jóvenes. Con el festival “Jauría de Palabras”, intenta llegar a las comunidades con seres sensibles, capaces de compartir experiencias y sembrar poesía.
“Es una gran responsabilidad”, me dijo, “porque en cada país se escucha la vitalidad de la poesía, representada en las diversas voces de los participantes”. En los encuentros y festivales donde participa, además de leer sus poemas, suele impartir talleres de escritura y conversatorios sobre poesía boliviana. Su mirada es clara: una Bolivia diversa, que dialoga con su tradición poética, que se reconoce en sus dolores y esperanzas, y que se expresa con fuerza en lo que escribe.
“He decidido habitar el silencio en el poema”, confesó. “Porque sin él, estaría incompleto. Intento escribir sobre el dolor, lo que incomoda, pero desde la cotidianidad”. En su obra, el silencio no es ausencia, sino espacio fértil donde germina la palabra. Entre sus influencias recurrentes están Matilde Casazola, Gabriel Chávez Casazola, Gustavo Cárdenas, Blanca Garnica, Óscar Cerruto, Jaime Sabines, Blanca Varela y Antonin Artaud.
Recientemente estuvo en México, donde El Golem Editores publicó su libro Contemplar la herida. Además, la editorial Fruit Salad Shaker (Costa Rica) junto a Corazón de Diablo (México) lanzaron su antología personal Formas del silencio, presentada en librerías de Ciudad de México y Tizayuca.
También ha viajado por tercera vez a España, invitada al Encuentro de Poetas Iberoamericanos en Salamanca, y a Portugal, donde participó en la Noche de Literatura Iberoamericana en Lisboa, el Encuentro Fólio en Óbidos y una lectura en The Poets and Dragons Bookshop. En Salamanca, impartió una conferencia sobre la Vanguardia en Bolivia, gracias a la poeta y profesora María Ángeles Pérez López.
Este año, su viaje a Europa se materializa gracias a la Fundación MonteLeón, que la invitó como jurado del VI Concurso Internacional de Poesía. Es la primera vez que una mujer latinoamericana ocupa ese rol en este prestigioso certamen. Como cierre de su gira, presentará Formas del silencio el 6 de noviembre en León, junto al poeta Rafael Saravia y otros autores.
En todos estos años, concluí que la voz de Valeria es brújula poética que orienta a quienes buscan sentido en medio del ruido. Y su silencio, lejos de ser vacío, es el lugar donde la poesía boliviana encuentra nuevas formas de decir.




